Le escribes o le mandas un audio, como a cualquier contacto, y Apunta registra tus clientes, citas y cobros, mueve cada trabajo por su etapa y te recuerda qué toca hoy.
No hay formularios ni botones que aprender. Escríbele una línea, mándale un audio o pásale la foto del comprobante: él entiende qué es, lo registra donde corresponde y te lo confirma al toque.
Una línea basta: crea la ficha de la clienta, agenda la cita y te recuerda confirmarla.
Mientras atiendes, mientras almuerzas, mientras cierras la tienda: lo transcribe, entiende lo que dijiste y lo registra igual que un texto.
La captura del Yape, la foto de una página de tu cuaderno: lee los montos, los registra y deja tus cuentas al día.
No hay que configurar nada ni aprender otro sistema. En el primer chat te pregunta cómo trabajas y se arma a tu medida: tus etapas, tu forma de hacer seguimiento y las palabras que usas en tu rubro..
Una persona — o dos — atendiendo, cotizando, cobrando y respondiendo mensajes al mismo tiempo. Si todo ya pasa por tu WhatsApp, no tiene sentido aprender otra herramienta. Elige tu rubro y mira cómo se usa:
Estás montando un matrimonio y por chat te confirma otra novia. Le mandas un audio a Apunta y sigues en lo tuyo.
Azúcar, harina, tus horas y el delivery: con todo eso Apunta costea tu torta y te sugiere el precio para que no trabajes a pérdida.
Te yapean el adelanto de la sesión mientras editas. Le reenvías el screenshot y Apunta hace el resto.
Cada evento depende del de las flores, el del toldo, la de las sillas, y Apunta lleva quién es quién, qué le debes y para cuándo.
Un plantón duele el doble cuando pudiste evitarlo con un mensaje. Por eso Apunta te avisa a tiempo y tú confirmas la cita.
Tu agenda vive llena, pero a las que no vuelven nadie las extraña. Pregúntale a Apunta y te da la lista.
Cinco encargos en proceso y la clienta pregunta por el suyo. En vez de revisar el cuaderno, le preguntas a Apunta.
Llegó mercadería nueva y hay que avisar. Pídeselo y te redacta el anuncio con tus productos, tus precios y tu tono.
Mandas la cotización, el cliente "lo ve con su socio" y ahí se enfría. A los días, Apunta te empuja a retomarla.
Unos recién preguntan, otros ya visitaron, los Paredes ofertaron. Cada uno avanza por etapas y Apunta lleva el mapa.
Todo tu negocio vive en un cuaderno y en tu cabeza. Mándale una foto y Apunta lo convierte en tu lista de clientes.
En el primer chat te pregunta cómo trabajas y se arma a tu medida: etapas, recordatorios y el vocabulario de tu rubro.
Nada de números clonados ni bots no oficiales: la app corre sobre la infraestructura oficial de Meta, el mismo canal que usan los bancos para hablarte por WhatsApp.
Hoy, gratis. Más adelante habrá un plan mensual simple, y quienes ya usen Apunta mantendrán el precio de fundadores.
No. Usas el número con el que ya trabajas; Apunta es un contacto que agregas a tu agenda, como cualquier otro chat.
No hay nada que aprender. Le escribes como le escribes a una persona. En el primer chat te pregunta cómo trabajas y se acomoda a tus etapas y a las palabras de tu rubro. De ahí en adelante él lleva el orden y te habla cuando hace falta.
Transcribimos con un modelo preparado para español latinoamericano: entiende modismos, montos y nombres comunes. Si algo no le queda claro, te pregunta antes de anotarlo.
Usa inteligencia artificial para entenderte, pero no es un chat genérico. Cada cosa que le cuentas queda guardada como un registro real — clientes, pagos, citas — y cuando le preguntas algo responde con tus datos. No se inventa nada.
Es gratis y no hay que instalar ni configurar nada: en el primer chat Apunta te pregunta cómo trabajas y empieza a ordenar desde ahí.
Ya tengo cuenta →